¿Alguna vez viste a alguien sonreír abiertamente en alguna foto antigua?

Seguramente no, y ahora te estás preguntando por qué. ¿Será que nuestros antepasados nunca estaban alegres? ¿Por qué sus rostros siempre se ven serios y estáticos? Sigue leyendo y entérate.

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Era difícil sonreír en las fotos por cuestiones técnicas

En los comienzos de la fotografía, en el siglo XIX, tomar una imagen nítida llevaba más de diez minutos. Durante todo ese tiempo, los sujetos retratados debían mantenerse quietos, prácticamente inmóviles mientras la cámara recogía la luz, de lo contrario la fotografía quedaba malograda. ¡Incluso en algunos casos se utilizaban reposacabezas para evitar que los sujetos se agotaran! Con este desafío, mantener una sonrisa durante toda la exposición resultaba prácticamente imposible.

Pero además, el estilo de la época no lo permitía

Claro que si hubiera sido aceptable sonreír en las fotos, probablemente las personas hubieran intentado hacerlo, aún a riesgo de terminar la sesión con el rostro entumecido. Después de todo, “lo que es moda no incomoda”. Pero en el siglo XIX, la sonrisa era un gesto que se atribuía solo a los niños. No estaba bien visto que los adultos sonrieran abiertamente, y menos que sus muecas quedaran inmortalizadas en una fotografía.

Esta creencia de que mostrarse riendo era estúpido y de mal gusto se remontaba a tiempos muy anteriores. Ya en el 1600, la sonrisa se reservaba en las pinturas a los borrachos, las prostitutas y la gente del espectáculo. El resto de los retratados prefería mostrarse solemne, ya que el objetivo era plasmar su imagen para la posteridad y captar su “verdadero semblante”, y no reflejar una expresión fugaz como la alegría.

Por otra parte, los dientes no solían ser la parte más atractiva de las personas.

Existía otro motivo para no sonreír, tanto en las pinturas como en las primeras fotografías. Hasta bien entrado el siglo XIX el cuidado de los dientes no estaba generalizado, por lo que las dentaduras, incluso las de los ricos, no solían estar en buenas condiciones. No había implantes, ni ortodoncia, ni rutinas de higiene bucal. ¡Era de esperarse que los dientes no tuvieran un lugar protagónico!

Finalmente, con las estrellas de Hollywood aparecieron las primeras sonrisas

Pero la magia del cine todo lo puede, y Hollywood cambió para siempre no solo el modo en que consumimos imágenes, sino la manera en que posamos para las fotografías. Los actores y actrices solían mostrarse siempre felices, proyectaban éxito y eran la expresión máxima del glamour. Fueron ellos junto con la prensa gráfica y la industria del cine los que popularizaron la moda de sonreír y posar ante la cámara, que para ese entonces ya había evolucionado de tal manera que era capaz de registrar cada instante. Hoy en día, las fotografías no tienen como objetivo simplemente capturar el aspecto de las personas, sino registrar momentos únicos, recordar ocasiones felices y plasmar todo lo que queremos compartir de nuestras vidas. Y en eso, la sonrisa juega un papel fundamental.

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