Por: Manauri Jorge

El niño de siete años tomó el celular de su mami para llamar al programa infantil y decir lo que más le gustaba de la Feria Internacional del Libro en su edición 21. No bien le preguntaron sus preferencias cuando vociferó: “El pabellón digital”. ¿A qué se refirió? Él, como todos los que llamaron después, hablaron de República Digital y su extraordinario escenario en la plaza.

En la FIL hay decenas de pabellones de todos los tamaños y colores, pero el que ha suscitado la atención de los niños y adolescentes es el de República Digital. ¿A qué se debe? Es simple: lograron hacer clic con el gusto del público objetivo. No han dejado de mostrar libros, solo que lo hacen desde una pantalla y ya con eso mantienen cautivo a los nativos digitales.

La idea y realización es de la talentosa Edilenia Tactuk, quien precisa que la intención es figurar una nave espacial donde las personas entren y pueden viajar al espacio del conocimiento de forma virtual. De hecho, tienen un módulo de realidad virtual, otro donde un scanner permite darle vida a un animado que se mueve con tus gestos, una impresora 3D y hasta un drone.

Todas esas herramientas generan la atención del visitante, sobre todo si es joven porque estamos entre los países más y mejores conectados entre los latinos. Ya hay más celulares que habitantes, la mitad de la población tiene al menos una cuenta en las redes sociales y 7 de cada 10 tienen acceso a internet al menos una hora al día (Enhogar/2015).

En un estudio que hizo iLifeBelt se precisa que el 81.7% de los usuarios usa la aldea global para redes sociales, un 82% para revisar correos, un 66% para ver videos, un 54% para chatear y un 43% para leer noticias. ¿Cuántos usan la red para formarse o leer un libro? El dato fue tan ínfimo que ni se resaltó y el problema no es que no interese, sino la forma en que se ofrece.

En este proceso de enseñanza y aprendizaje constante es indispensable manejar una metodología dinámica, entretenida e inclusiva para que funcione la formación. La educación tradicional perece por anacrónica, hoy el conocimiento no pertenece a nadie, está en la nube y con un clic se llega a él. El papel de la escuela es de acompañamiento, no de imposición.

La educomunicación es la profesión del presente y futuro en las aulas, personas capacitadas que utilizan las TICs para que los educandos lleguen al conocimiento y lo comprendan. Un ejemplo de eso lo tiene el científico Sugata Mitra en Londres con un grupo de abuelas jubiladas que, desde sus habitaciones, motivan a niños en la India a aprender otros idiomas y los resultados han sido geniales, tanto que en tres meses los niños ya dominan el inglés a la perfección.

Ya lo analizaba por la rapidez con que mi hijo de 4 años comprendía y manipulaba las tabletas y celulares, tanto que le enseñó a su abuela cómo usar algunas herramientas en el mundo web. También fuimos a la feria literaria y el pabellón que más llamó su atención fue el mismo al de los otros niños que llamaron al programa infantil matutino que él escucha.

¿Por qué la tecnología interesa tanto a los de hoy? Así como a mi generación le cautivaron los disquetes, disco compacto y las maravillas de Nintendo, todas las anteriores –y las que vengan- tendrán un abanico de opciones tecnológicas que captarán la atención porque hacen más fácil y divertida la comunicación. En la web hay mucha infoxicación y si la educación no parte del entretenimiento para quedarse en los usuarios, será solo un spam fuera de la nube.

Si los organizadores de la Feria del Libro no comprenden esta realidad, cada año la asistencia a la Plaza de la Cultura será menor porque el libro impreso no es precisamente el interés del nativo digital. ¿Afuera las imprentas? No, porque también tienen su público. Busquemos otras vías de llevar el libro al lector infantil y juvenil, si es con pantalla, sonido e interacción… mucho mejor.

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